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TODAS LAS VARIANTES DEL ESPAÑOL DEBEN CONOCERSE Y RESPETARSE

Entrevista a Gunther Haensch, lexicógrafo alemán.

El castellano es «un sistema con veinte subsistemas» y cada una de sus variedades «tiene su derecho a existir», para lo cual, «lo mejor es que se conozcan para que cada uno respete al del otro», afirma el lexicógrafo alemán Gunther Haensch, uno de los padres del proyecto Diccionarios Contrastivos del Español de América, que pretende publicar glosarios del español de diecinueve países de América Latina.

El experto, autor de numerosos diccionarios español-alemán y del primer diccionario monolingüe alemán (semejante al Oxford para el inglés), explicó a Comunica, cómo se ha gestado el proyecto, cuáles fueron los métodos diseñados y qué entidades participaron en su elaboración. También opinó sobre diferentes posturas lingüísticas en España y América y habló sobre el auge del español en Alemania.

- ¿Cómo surgió el proyecto Diccionarios Contrastivos del Español de América?
- En 1973 hice un viaje por varios países latinoamericanos con el Instituto Goethe y me invitaron a dar un seminario de lexicografía en el Instituto Caro Cuervo de Bogotá.

En este viaje me surgió la inquietud sobre las muchas diferencias que hay entre los distintos países hispanoamericanos y España en cuanto a la lengua, pero fue al año siguiente, mientras dictaba un curso de un semestre, cuando nos preguntamos con mi ayudante Reinhold Werner, que ahora es el director del proyecto: «¿Por qué no hacemos un nuevo diccionario?». Porque todo lo que hay es insuficiente y el español de América, aún hoy en día, está tan descuidado…

En algunos países como Argentina, Chile, Colombia, Cuba, México, hay trabajos lexicográficos pero hay países que no tienen nada; por eso dije: «Vale la pena hacer un diccionario de americanismos».

- ¿Por qué se ha trabajado a nivel nacional, registrando las variedades de cada país?
- Realizar un diccionario que pretenda abarcar el uso lingüístico desde México hasta el sur de América, por países, es más fácil, pero hacer un diccionario de toda América es un proyecto inabarcable. Yo quería empezar por Colombia, para estudiar la historia, la geografía, la gastronomía, la prensa diaria. Ella trae el vocabulario actual que no se encuentra en las novelas, en la literatura, por eso para nosotros la prensa es importante. De hecho, para llegar a las capas bajas, al lenguaje coloquial, es la prensa amarilla la que más material nos da. Cuanto menos elevado es el nivel de la prensa más particularidades se encuentran.

- ¿Qué entidades de América Latina se sumaron al proyecto?
- El Instituto Caro Cuervo nos ofreció la colaboración con sus Departamentos de Lexicografía y otros como el de Dialectología, gente bien preparada. Entonces se trataba de realizar el proyecto… Pero antes debíamos desarrollar un método totalmente nuevo, porque hasta entonces, hasta los años setentas, la lexicografía del español de América no había tenido ninguna innovación frente al siglo XIX.

En dos años elaboramos un método en el que se verían todas las diferencias, no sólo el hecho de que una palabra sea diferente; sino que ésta puede tener un sentido en España y otro matiz en los países hispanoamericanos. Por ejemplo: enojarse en Argentina es de uso cotidiano, en España enojarse es literario, normalmente se dice enfadarse. Hay una diferencia de matiz. También hay diferencias de terminación; en España se dice ,friolero pero en muchos países de América es friolento.
Iniciamos por tanto un análisis que nadie había hecho antes, viendo en qué consistían las diferencias. Así elaboramos el método.

Luego yo recorrí muchos países hispanoamericanos, casi como un misionero que tenía que predicar la buena nueva y buscar colaboraciones donde las encontraba. Teníamos muy buenos contactos en Argentina con la ciudad de Mendoza, más tarde también con Francisco Petrecca de la Academia Argentina de Letras… O sea, las colaboraciones no obedecían a un sistema único, teníamos que dar respuesta a todo el que estuviera dispuesto a cooperar.

- ¿Cuáles fueron las fuentes de financiamiento del proyecto?
- Para realizar el proyecto se contó con la financiación del Gobierno alemán, que en este proyecto se ha gastado ya unos cuantos millones de dólares. Fue a través de la Deustche Forschungsgemeinschaft (DFG), que corresponde al Consejo Nacional de Investigaciones de Ciencia y Técnica (CONICET) en Argentina.

Una vez que la comisión de nuestro organismo de investigación dijo sí al proyecto, fueron invitados treinta y ocho profesores de España y América Latina a la Universidad de Augsburgo (Baviera) para que conocieran el método y comenzaran a recoger materiales. Los expertos se volvieron a sus países para estudiar las fuentes que existían y recoger más datos. Revisamos todos los diccionarios de americanismos, en todos había qué aprovechar, pero también había que desechar lo que estaba mal, mal explicado, o que ya no se usaba.

- ¿Trabajaron sólo con expertos latinoamericanos?
- No. El proyecto implicó a América, Alemania y España, porque tuvimos que trabajar con expertos que analizaran las diferencias entre el español peninsular y el americano. Los españoles tuvieron suerte, porque dos miembros del proyecto entraron como lexicógrafos a la Real Academia Española (RAE), de tal modo que se dijo que para entrar como colaborador y elaborar el Diccionario había que pasar por la Universidad de Augsburgo ... (risas).

En estos cursos se pretende formar gente que sepa hacer diccionarios descriptivos, que vuelvan a sus países para relevar datos y redactar. En los diccionarios que se publicaron trabajaron como redactores los argentinos Claudio Chuchuy y Laura Hlavacka.

Tanto el primer diccionario, que se llamaba Nuevo Diccionario de Colombianismos y lo publicó el Instituto Caro Cuervo en 1993, como el Diccionario del español de Cuba y el Diccionario del español de Argentina, publicados por Gredos, se basan en la contrastividad entre el español del país y el español peninsular. Decimos peninsular porque el de Canarias ya tiene muchas cosas en común con América. Por ejemplo, en las islas dicen guagua en vez de autobús o papa en vez de patata.

- ¿Por qué se ha elegido el español peninsular como eje del contraste?
- No es por ninguna idea eurocentrista, ni de imperialismo lingüístico español -que ha existido en el pasado- sino porque es el sistema mejor conocido, mejor descrito, más coherente y por ello sirve mejor para establecer las peculiaridades de un país.

Se han hecho algunos ensayos, por ejemplo contraste argentino y mexicano, porque hay diferencias, pero el español peninsular -que para mí es una de las veinte variantes que no tiene ninguna diferencia en cuanto a jerarquía respecto a las variantes americanas- es un sistema que asegura la coherencia de toda la órbita. ¿Sabe por qué? Por la ortografía de la Real Academia Española. Hay diferencias de morfología, de sintaxis y de léxico, pero la ortografía es el único elemento común e incontestable del español.

Por tanto, la elección de la variante peninsular está más que justificada.

Algunos latinos habrán pensado que es dependencia de Madrid, pero no. Yo estoy en contra de esa dependencia; mi mujer es colombiana, mi hijo nació en Bogotá y yo siempre defiendo el español de América… Esta decisión tiene un motivo lingüístico.

Claro que hubo muchas opiniones y actitudes tontas de filólogos que creían que el español de Madrid es el bueno y el otro es el malo, pero también en América se pensaron disparates. Por ejemplo, querían crear un lenguaje nacional argentino alrededor de 1900.

Hubo también un purismo muy exagerado en Hispanoamérica por parte de quienes creían que todo lo que no correspondía al español de España era un error, es decir, había mucha ideología.

Hoy en día tenemos que pensar que el español es un sistema que tiene veinte subsistemas y cada uno tiene su derecho a existir. Lo mejor es que se conozcan para que cada uno respete al del otro.

- ¿Es correcto hablar de americanismos?
- Bueno, americanismo es lo que se usa en América de manera distinta a España.

Ahora, los diccionarios anteriores admitieron una confusión enorme entre el americanismo histórico y el americanismo de uso actual. Canoa, tabaco y maíz son americanismos históricos, se usan en España y en casi todas las lenguas del mundo, no deben estar en un diccionario de americanismos de hoy, de uso actual. Son dos libros diferentes.

Cuando pensamos este proyecto dijimos «el diccionario debe ser descriptivo y además decir toda la verdad», debe incluir los tacos, las palabrotas, que son muy importantes, porque además cambian de un país otro. Es muy fácil meter la pata usando un término, por ejemplo, usar coger en Argentina para coger un taxi… Allí se usa como en España follar o en Cuba pichicatear.

Quisimos que sea descriptivo sin tabúes, sin ninguna clase de restricción ética o religiosa; dar buenas definiciones y exponer todos los sinónimos usuales en el país. Por ejemplo en Argentina hemos descubierto veinte sinónimos que se usan en el lenguaje común para tonto.

Los diccionarios, además, cuentan con tres índices alfabéticos, un índice español peninsular –español americano, y otros dos que abarcan términos científicos de zoología y botánica.

Así, para saber cómo se llama tal cosa en Argentina o en Cuba se puede partir del español peninsular para llegar a la palabra americana, que está descrita en la primera parte del diccionario. Por ejemplo, el bañador español es la malla argentina o la trusa cubana. El llamado guisante en España se conoce como arveja en Argentina o chicharo en Cuba. Esta labor no la había hecho nadie.

- ¿Existe un regionalismo español, españolismo o peninsularismo?
- Sí, sí, yo luché porque las Academias en el año 1976 decían todavía «no queremos la marca de España, lo que es de España es para el mundo entero». Eso es imperialismo lingüístico, sólo para la última edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) introdujeron la marca de España y sólo entonces es cuando se reconoce la igualdad de las otras variantes con el peninsular. Es dar un paso adelante.

Yo siempre pongo la marca hispana. Hay palabras españolas que no entiende nadie, el albornoz es una bata de baño; la estafeta de correos, una oficina de correos que no es la principal. En América se decía la cortina de hierro y en España el telón de acero, por lo tanto hay peninsularismos que hay que marcar.

Ahora, en la última edición del DRAE del 92 había sólo doce palabras con la marca «España» y eso se explica porque no conocemos tanto todo el español de América como para afirmar que tal o cual palabra no se use ahí. Tenemos que saber más, pero al final tenemos que decir: marca de España, de Argentina, de México.

- Colombia, Argentina y Cuba han sido los primeros diccionarios de la colección, ¿por qué se empezó por esos países?
- Empezamos en Colombia porque teníamos la base del Instituto Caro y Cuervo, que tiene muchos colaboradores. Seguimos en Argentina porque he estado varias veces, conocí varias universidades y nos parecía que Colombia y Argentina eran dos grandes países.

Uruguay se ofrecía porque coincide en gran parte, aunque no en todo, con Argentina.

Cuba fue lo más difícil. Tuve que luchar primero para que me dejaran entrar como representante de la Alemania Occidental Capitalista y convencerlos de que era interesante la colaboración. Fue mi misión más difícil pero lo logré…

Luego me invitaron a dar un seminario y los colaboradores que mandaron a Alemania eran los mejores, gente que se había formado en Europa, en Praga, Moscú y tenían una preparación que casi ningún latinoamericano tenía.

Una vez que se logró romper el hielo de tipo político-ideológico, la gente que trabajó con nosotros era encantadora.

Además, el primer diccionario de un país de habla hispana se publicó en 1836 en Cuba y su autor fue Esteban Pichardo, fue el Diccionario provincial de voces cubanas.

-Actualmente están trabajando en el Diccionario del Español de Bolivia, ¿Qué particularidades tiene este país?
- Bolivia es un país muy grande, tiene varias influencias. En el sur, provincia de Santa Cruz, tiene influencias del guaraní. Pero las mayores influencias son del quechua y luego del aymara.

Hay muchos indigenismos hasta tal punto que uno tiene que preguntarse dónde empieza el español y dónde empieza el quechua, pero tenemos expertos en esas lenguas que trabajan con nosotros y se ha hecho perfectamente.

Este diccionario ya está redactado, pero como un buen diccionario hay que revisarlo, afinarlo. En dos años lo tendremos.

- ¿Es necesario hablar con expertos en lenguas indígenas para elaborar los diccionarios?
- En este caso se ofrecía particularmente porque ahí tienen tanta importancia las lenguas americanas que las noticias, la radio, no vienen sólo en castellano, vienen en quechua, en aymara. Se registran quechuismos, aymarismos en los hispanohablantes.

Es como el guaraní en Paraguay, son dos casos muy especiales. Es una situación social muy diferente a otros países de América.

- ¿En Uruguay percibieron alguna influencia de las lenguas africanas?
- Este hecho proviene probablemente de Brasil. Hay algún africanismo, pero su número no es muy elevado. Es mucho más elevado en el español del Caribe, de la costa atlántica venezolana y colombiana…Allí hay más, pero sí hay más palabras que en Argentina, probablemente por la vecindad con Brasil.

- ¿Y del portugués?
- Sí, naturalmente más. Por ejemplo jangada, por la balsa, es un portuguesismo (una embarcación rudimentaria muy presente en toda la costa del nordeste de Brasil). También hay alguna influencia del portugués en Uruguay.

Curiosamente en Argentina la mayor influencia es la del italiano, más que la de las lenguas indígenas... ¡Un pobre madrileño tiene que saber italiano para leer la lista de platos en un restaurante!

Por ejemplo en el lunfardo (argot) se dice cafisho (hombre que explota a las mujeres), en Buenos Aires sobre todo, aparece el sonido sh por influencia del italiano y en el Diccionario también registramos las marcas fonológicas.

- ¿En qué otros países va a continuar el proyecto?
- Esto depende del material que esté más adelantado, porque todos los países están trabajando. En realidad depende de una circunstancia puramente material: quien tenga datos y gente preparada y dispuesta para venir dos o tres años a Alemania.

Ahora creo que está más avanzado el Diccionario en Chile, Costa Rica y Honduras….En Centroamérica no hay casi nada y también vale la pena.

Los organismos de investigación de Alemania pensaban que ya que se han hecho los de Argentina, Colombia y Uruguay, había que completar América del Sur. Por ello, sería bueno publicar el de Bolivia y el de Ecuador, para que la región poco a poco se vaya completando.

- Usted ha publicado, junto con otros filólogos, un trabajo sobre la aportación del hispanismo alemán al estudio de nuestra lengua, ¿en qué campos se ha dado esta contribución?
- Los alemanes han hecho mucho en el campo de la filología, la historia, la literatura…. ya en la época del romanticismo alemán había traducciones de los grande autores del Siglo de Oro y en el siglo XX se han hecho muchísimos trabajos.

Los estudios de dialectología, por ejemplo, de los años veintes a los cuarentas eran casi todos alemanes, allí investigaban personas de distintas nacionalidades.

En el año 45 España tomó el relevo y aparecieron los primeros trabajos sobre el aragonés y el leonés.

- Para finalizar, ¿percibe usted un crecimiento del interés por el castellano en la sociedad alemana en los últimos años?
- Sí, claro, y por muchos motivos. En primer lugar, el número de hablantes. El español ha ganado en importancia a medida que se ha intensificado la comunicación internacional, son casi cuatrocientos millones de personas que hablan español.

En segundo lugar, en la juventud había mucha gente que por los movimientos revolucionarios, especialmente debido al Ché Guevara, se interesaron por el español.

Otro motivo es la irrupción, en el paisaje literario español de los años cincuenta, de la nueva literatura hispanoamericana que era mucho más genial que la española e hizo despertar el interés por la literatura escrita en español.

También la música latinoamericana, no sólo en Alemania sino en todo el mundo es cada vez más popular… Así, se han juntado muchos elementos.

Yo me acuerdo que cuando empecé con la cátedra en Augsburgo, en el año 73, teníamos un setenta por ciento de alumnos que elegían francés y un treinta por ciento que preferían español y ahora es casi al revés… Es decir, el español está ganando posiciones. (Madrid).

 

Web: http://www.unidadenladiversidad.com/actualidad/actualidad_an

 

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