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APUNTES DE SINTAXIS HISTÓRICA II

Segunda parte del tema dos del tem,ario de Sintaxis Histórica: La estructura oracional. Causas y consecuencias de la desaparición del sistema casual latino. Restos fonéticos y sintácticos de los casos latinos.

LAPESA, R. 2000. "Los casos latinos: restos sintácticos y sustitutos en español" en Estudios de morfosintaxis histórica del español , 1er tomo, Ed. de R. Cano Aguilar y Mª Teresa Echenique Elizondo, Madrid, Gredos. 73-122 pp.

a) Causas y consecuencia de la desaparición del sistema casual latino.
 La simplificación de la flexión nominal latina con desuso de la distinción casual:
Para comprender mejor este proceso hay que destacar las convergencias fonológicas más relevantes y sus consecuencias sobre el sistema casual:

1. La pérdida de la M final, conlleva frecuentemente, en el singular, la confusión del acusativo y del ablativo de la tercera declinación.
Ej.: acus. MONTE(M) = abl. MONTE.
2. La confluencia de Ā y Ă, junto con la pérdida de –M hizo imposible la distinción entre el nominativo MĒNSA, el acusativo MĒNSĂM y el ablativo MĒNSĀ de la primera declinación.
3. La confusión de Ŭ y Ō (y de las restantes vocales velares en posición final; originó que no se diferenciasen en el singular el acusativo de la segunda declinación (DOMINŬM) del dativo/ablativo (DOMINŌ).
4. La convergencia de I y Ē ( y de las restantes vocales palatales en posición final provocó la confusión en la tercera declinación del nominativo/acusativo plural (MONTĒS) con genitivo singular (MONTǏS).

Según la opinión de Penny en su Gramática Histórica del Español, en ningún momento se ha afirmado que el cambio fonológico haya causado la confusión morfológica y la consiguiente sustitución de las terminaciones casuales por preposiciones, como a menudo se sostiene. Para él fueron los ajustes analógicos, que se citarán a continuación el desencadenante del proceso de eliminación del sistema casual latino:

 La /s/ final aparece en casi todas las formas de plural, mas sólo en algunos del singular, así que se llegó a considerar exclusivamente como marca de número y ya no de caso. De este modo se originó en singular la inmediata confluencia del nominativo /ánno/, /nuβes/ con el oblicuo.
 Los sustantivos imparisílabos de la 3ª sufrieron una nivelación analógica y ampliaron sus formas más breves; eso se puede constatar con los ejemplos apuntados en el Appendix Probi: condena el uso de GLĪRIS y recomienda GLĪS, mientras el latín no literario registra formas como MENTIS por MENS. Este cambio implica la confusión del nominativo singular /leóne/ (< *LEŌNIS < LEŌ) con el oblicuo singular /leóne/.

 La oposición morfológica entre nominativo y oblicuo queda reducida al plural de los sustantivos en –o (/ánni/ vs. /ánnos/). Así que resulta evidente las presiones analógicas internas que pretendían nivelar esa oposición entre /ánni/ y /ánnos/ debieron de convertirse en prácticamente irresistibles. En la Península y otros territorios occidentales, donde el plural de la mayor parte de los sustantivos se caracterizaba por la adición de la /s/ a la misma vocal que aparecía en singular, se prefería /ánnos/; /anni/ decayó por completo.

El resultado de estos ajustes es la desaparición de todo rastro de distinción entre casos en los tres tipos principales de sustantivos que hereda el español:
1º. Rosa/rosas
2º. Año/años
3º. León/leones, nube/nubes.

b) Restos fonéticos y sintácticos de los casos latinos

El empleo de las preposiciones, que empezó siendo procedimiento auxiliar de la declinación, se convirtió en sustituto suyo, pues la mayor precisión que las preposiciones aportaban hizo inútil en muchas ocasiones la distinción de los casos.
El hipérbaton se redujo progresivamente y el empleo de preposiciones se hizo cada vez más intenso. Los dos fenómenos contribuían a que las desinencias casuales fuesen cada vez menos necesarias. Las desinencias que se inutilizaron por coincidir con otras no se reemplazaron mediante forja de desinencias nuevas, y algunas que permanecían libres de confusión fueron abandonadas.
La forma única que el sustantivo español tiene para cada número puede hacer los papeles de sujeto, régimen directo y término preposicional, o emplearse en la llamada. Cuando la continuidad es presumible, se considera restos sintácticos de los casos.

 Sujeto o predicado nominal con preposición:

 El nominativo latino podía usarse con las preposiciones praeter o ad:
• "Nil praeter salices cassaque canna fuit". Ovidio, Fastos, 6, 406.
• “ad mille trecenti Carthaginiensium caesi sunt”. T.Livio, 23, 37,6.
 El sujeto o predicado nominal de esas estructuras en español podía ir precedido por:
• fuera o fueras en español antiguo: “Non es esto fuera grand vanidat” (Berceo, Milag.; 556c).
• fasta o hasta en todas las épocas:
 Límite cuantitativo: "sería fasta 600 peones" (Gonzalo de Ayora, Keniston, pág. 586)
 Carácter notable o sorprendente de aquello que se dice del sujeto: "y aún hasta los mismos cabreros y pastores conocieron". Cervantes, Quijote, I, 13.
 Aunque inter y secundum exigían acusativo en latín, Entre y según se construyen en español con formas pronominales propias del sujeto: “Entre tú y yo lo haremos” , “según tú, vamos por mal camino”.
• La construcción recíproca latina inter se, inter nos, inter ipsos se ha extendido en español con nombres y pronombres para otros usos.
 Integración de partes en un todo que puede ser complemento o sujeto del verbo: “entre oro y plata fallaron tres mill marcos” (Cid, 1737).
 Mutuo acuerdo, cooperación: “Entre Rachel e Vidas a parte ixieron amos” (Cid, 191).

 Restos sintácticos del genitivo latino o del "caso oblicuo" sin preposición.
 Uso restringido: Por amor Díos, Alfonso X.
 Cabe como preposición: construcción genitivo latino sin preposición: per caput campo.
 Del “caso oblicuo” procede el uso del nombre paterno sin sufijo patronímico en “Urraca Hernando”, Munio Alfonso”.
 Compuestos: Aguilafuente, casapuerta y otros como: pezuña < pĕdis ǔngǔla.

 El genitivo partitivo latino, eliminado por construcciones con de
 Desde la literatura latina arcaica el genitivo contendió en muchas construcciones partitivas con el ablativo introducido por la preposición de.
 En textos vulgares o tardíos el ablativo con de aparece donde antes se usaba el genitivo y el ablativo sin preposición o sólo el genitivo: “ de lege unum apicem” y en ocasiones acompaña a un acusativo: “quidam de heresim phariseorum”.
 En español el uso único ha sido la terminación con de.
 Con cuantitativos
• En función sustantiva la determinación con de es la habitual sustituta del genitivo latino: "en un poco de logar"; "atanto dixeron de palabras piadosas"; ¡qué dezía él de cosas!; cuánto de afán
• La preposición se contagió a construcciones en que los cuantitativos se hallaban en función adjetiva o adverbial: “Pocas de gentes”, etc. La lengua moderna ha eliminado de; sólo se conserva en el uso popular de España y América “una poca de agua”, “una poca de caridad”,etc.

 Construcciones partitivas indefinidas
 Fue en los últimos siglos del Imperio cuando se propagaron el genitivo partitivo y el ablativo con de, sin nombre o pronombre que indicase la parte ni verbo que implicase participación; lo que se llama construcción partitiva indefinida: “admiscere mellis”, “adicere salis”. Las construcciones partitivas indefinidas tuvieron mucho uso en español medieval y clásico, hasta principios del siglo XVII.
 La preposición de aparece con frecuencia cuando:
• La parte implícita es objeto del verbo: bebió mucho del vino.
• La parte implícita es sujeto o predicado nominal: de los sepulcros viejos de antiguas sazones abriéronse por sí; los que nos saltearos son de unos galeotes que dizen que libertó.
 Expresan la parte indefinida de un todo definido, aunque hubo de un todo indefinido en español: combrás de las arvejas, mas non salmon ni trucha. No son unas arvejas determinadas.
 Hay restos de partitivo indefinido:
• Probar de unas cosas y no de otras; de esta agua no beberé; tener de todo; ser de los que triunfan.

 Eliminación del genitivo en construcciones no partitivas
 El genitivo y el ablativo con de alternaban en el latín literario para introducir complementos de origen y materia o para indicar el término de referencia de adjetivos y verbos.
 En la época imperial y en el latín patrístico el ablativo con de invade territorios del genitivo subjetivo y en textos vulgares, del genitivo de cualidad y hasta del posesivo: “locus... de fundamentis magnis” (Itala, Esdras, 4, 10, 27); “clerici de ipsa ecclesia” (Peregrinatio, 21, 13). Cualquiera que fuese la pervivencia del genitivo en latín escrito de la época visigoda y en el de los primeros siglos de la Reconquista, en el habla tuvo que ser reemplazado por la construcción con de, generalizada ya en lugar de aquél desde los textos romances más antiguos: “Rayo de šol”, “rayyo de mañana”. La determinación con de corresponde en romance al empleos del genitivo cuya sustitución por el ablativo con de no consta expresamente en época latina; así al genitivo latino de cantidad o duración corresponden “Una niña de nuef años (Cid,40); al genitivo ponderativo de nombre reiterado, que se propagó en el latín cristiano por calco del hebreo, “Enos siéculos de lo[s]siéculos” (Gl.Emil.,89), “Flor de las flores” (J.Ruiz, 1678),etc.

 Genitivo, aposición y determinación con de
 La construcción romance con de corresponde también al genitivo de definición o aposicional latino: “el nombre de amistad” son el paralelo español de los ciceronianos “virtus iustiae”.
 Con nombres geográficos la prosa latina clásica usaba ordinariamente la aposición “urbs Roma”, rara vez el genitivo. La aposición subsistió en el sintagma “dentro en Burgos la casa ‘la ciudad de Burgos’(Cid, 62); y hoy es norma única en “los montes Pirineos”, “el río Tajo”. Pero la construcción con de, sustituta del genitivo latino, se encuentra desde el primer momento en “a la casa de Berlanga” (Cid, 2877), como solución habitual del lenguaje corriente. La fórmula con de no encontró oposición en las expresiones cronológicas “El mes era de mayo, un tiempo glorioso”; “En la era de ochocientos et un anno”(Prim. Crón. Gen., 340ª 26); junto a hoy día, con aposición, es forzoso el día de hoy cuando el apelativo precede, y el día de mañana no tiene contendiente en la actualidad. Durante siglos se vaciló entre día domingo, día lunes; y aun ahora no sorprendería “año de mil quinientos cuarenta”; pero nadie diría “esto ocurrirá el año de dos mil”, sino “el año dos mil” . Se advierte pues, en la lengua moderna una tendencia favorable a la aposición.
 Esa tendencia es mucho más patente a costa de la tradicional construcción denominativa con de. Título como Instituto de San Isidro Teatro del Príncipe, ceden terreno frente al empuje de Instituto Cajal, Teatro Infanta Isabel, Pensión San Antonio. Igual supresión de nexos se va extendiendo en Paseo Colón Plaza San José, con mengua de Paseo de Colón, etc., única fórmula posible antes. Contribuyen a este desarrollo la rapidez propia del lenguaje comercial y de la vida moderna: el deseo de establecer una distinción formal entre la denominación y las relaciones de posesión, origen y demás expresadas por de; y el desgaste fonético de esta preposición en el habla vulgar, que llega frecuentemente a suprimirla por completo tanto en la denominación (“la calle de Goya” > “la calle `e Goya” > “ la calle Goya”) como cuando tiene valor posesivo: “la casa de Juan” > “la casa `e Juan” > “la casa Juan”.
 Generitivo aposicional de carácter familiar y afectivo: montrum mulieris.

 Genitivo exclamativo latino. Exclamaciones romances con de
 Ciertas exclamaciones latinas llevan a veces en genitivo el nombre que representa al objeto causante de la emoción, ya jubilosa, ya de dolor: “Di immortales, mercimoni lepidi!” “¡dioses inmortales qué buena compra!” (Plauto, Mostelle., 912). Este uso continúa vigente en el latín eclesiástico, y con él parecen entroncar, mediante la habistual sustitución del genitivo por de, algunos tipos de exclamaciones románicas. Pero en el francés antiguo “Filz Alexis, de ta dolente medre!” ( Alexis, 80) de no precede ya a la mención de lo feliz o lamentable, sino a la del ser a quien afecta. Así se manifiesta la continuidad entre las exclamaciones latinas con genitivo y las románicas de dolor, conmiseración o amenaza como en rumano “Vai de voi, botatilor” “ay de vosotros, los ricos!”, o en español “Ay de mí, con qué cobro tan malo me venistes” (J.Ruiz, 783ª). Cuando la exclamación contiene un adjetivo, éste puede aplicarse directamente al nombre o pronombre: “¡E mesquina yo!” (Tristán, 168,19), ¡Pobre criatura!; pero es muy frecuente que se interponga la preposición de: “¡Ay triste de mí, que amo e non so amada!” (Corbacho, 132). Esta inserción, dominante hoy en exclamaciones lamentatorias, no se suele dar en las de alegría o congratulación: ¡Bienaventurados los pacíficos!, Felices vosotros!.

 Concurrencia entre de y otras preposiciones en los complementos nominales
 Las áreas del genitivo latino y de la preposición de no son las mismas.
• El genitivo tenía empleos donde ha sido reemplazado por otras soluciones; a su vez de introduce complementos que corresponden a otros casos, sobre todo al ablativo. Los textos medievales y clásicos la ofrecen a menudo donde hoy se requieren o por lo menos se admiten otras preposiciones.
• Con nombres verbales de movimiento se usaba antes para indicar la dirección o término: la Subida del monte Carmelo de San Juan de la Cruz, el Viage del Parnaso de Cervantes, títulos que hoy llevaría a y no de para evitar la anfibología entre procedencia y destino.
• En general el régimen de los nombres verbales tiende a igualarse con el de los verbos respectivos: “sumisión a los superiores”, “dominio por otros” “esperanza en alguien”, etc.

 Sustitución del dativo nominal latino
 La morfología y sintaxis pronominales conservan restos del dativo latino.
 No hay restos en la flexión ni construcciones del nombre español.
 Al dativo nominal corresponden en nuestra lengua el uso de las preposiciones. A, para, en, por, o la construcción sin nexo propia del objeto verbal. Tales sustituciones arrancan de alternancias que existían ya en latín.
 Alternaba el dativo con el ablativo con pro, que es el origen de la construcción española temer por el niño, miedo por la república, luchar por las leyes, morir por la patria.
 Alternaban en latín el dativo de dirección y de finalidad con el acusativo con in: “ se recipere castello” e “in oppidum recipere”, “dare dono”. Del acusativo con in provienen las construcciones españolas entrar en la ciudad, refugiarse en el castillo, ir en auxilio, dar alguna cosa en don o en premio, etc.

 Dativo y acusativo con ad
 El mayor rival del dativo fue el acusativo con ad. El complemento de adjetivos como utilis, bonus, aptus, accommodatus, necessarius, inutilis iba en dativo si designaba personas pero el acusativo con ad era preferido en la prosa clásica para designar cosas: “Non solum ad agrum utile, sed etiam ad cibum”, en español se ha borrado tal distinción y a sirve para introducir la mención de personas o cosas como término de relación de estos otros adjetivos: “Falso a todos, e más al Criador” (Cid, 3387); “Era lugar apto a deuoçión”. La construcción con ad desplazó por completo al dativo nominal como término indirecto de estos verbos y de todos los demás. El español , desde sus primeros tiempos, no conoce restos del dativo fuera del pronombre: “Qui dat a los misquinos” (Gl. Emil.,48).
 El complemento con a sustituye al dativo latino en ciertos giros cultos que imitan construcciones latinas con el verbo esse.
“A las ánimas siniestras / es tal terror o temor”

 Dativo, acusativo con ad y ablativo con a o ab.
 La preposición a puede corresponder en ocasiones a la latina a, ab. La confusión de éstas con ad es frecuentísima en la Alta Edad Media “accepi ad te pretium”. Así pues en “espidiénse al rrey” (Cid, 1914) hay continuidad con expedire se ab aliquo, aunque por otra parte exista el dativo pronominal de “se me despidió”, despedírsele”.
 Especialmente problemático es el complemento con a que acompaña a infinitivos dependientes de verbos como dexar, mandar, fazer, ver, oír, o a infinitivos encuadrados en construcciones de carácter intermedio entre reflexivas y las de pasiva refleja: “a los iudíos te dexeste prender” (Cid, 347); “Oí al bedel de las escuelas echar la fiesta de Panza” ( Muñón, Lisandro y Roselia 24,26). La interpretación tradicional entendía que el infinitivo por a; y que el uso de la preposición obedece a contagio de las construcciones latinas de doble acusativo en que el acusativo de persona ha pasado a ser objeto indirecto. Otra teorías explican el infinitivo como procedente aquí del infinitivo pasivo latino y heredero de su carácter, el complemento con a es para usos continuación del ablativo agente latino con a b o a; según otros resultó de la sustitución normal del dativo agente latino por ad + acusativo. El sentido lingüístico del hablante actual, ve en ellas un infinitivo activo; pero es innegable que algunos de los ejemplos medievales se explican mejor partiendo del infinitivo pasivo. El cambio ha de relacionarse con el progresivo descenso que, sobre todo en español, ha experimentado a los largo de los siglos el uso de la voz pasiva.

 Concurrencia latina de dativo y acusativo sin preposición
 Duplicidades y cambios en la construcción transitiva o intransitiva de muchos verbos han dado lugar a que el sustituto español del dativo latino sea con frecuencia un complemento directo que va sin preposición si es cosa, y que a si es de persona: adulari > adular.
 Otros verbos podían construirse en latín, sin variación de significado, con dativo como instransitivos o con acusativo sin preposición como transitivos, en español sólo funcionan como transitivos, con a ante complemento de persona en la lengua moderna: (adular al poderoso, escuchar al desdichado, imitar a otros), sin a ante el complemento de cosa (adular, la vanidad de alguien, escuchar sus palabras, imitar sus virtudes), etc.; pero en voz activa llevan incluso ante complemento de cosa: “ Los árboles y el viento / al sueño ayudan con su movimiento” (Garcilaso, Égl. II, 76). Obedecer y resistir, continuación de los transitivos oboedire y resistere, se emplean también en acepciones transitivas, pero vacilan entre obdecer la órdenes y a los órdenes, resistir las amenazas y a las amenazas.

 El objeto directo de persona con a
 El español y el rumano han desarrollado la distinción entre el objeto directo personal y el no personal, anteponiendo al primero una preposición que en rumano es pre(< per o super) y en español a (< ad).
 No todo objeto directo de persona lleva a en español, sino sólo el que designa un ente personal o grupo de personas vistos en su individualidad concreta o como suma de individualidades concretas. Hay giros en que el nombre no se refiere a individuos determinados sino a nociones categóricas equivalentes a ‘amistades’ o ‘servicio’, y en cambio es necesaria la preposición en “busco a un criado”, donde se trata de una persona concreta. No hay límites tajantes para el uso u omisión de la a. Así puede haber contrastes como el de “tiene a su mujer enferma” frente a “tiene una mujer muy inteligente”. La preposición se encuentra a veces ante objeto de cosa, bien por tratarse de nombres propios o personalizados (“gañó a Colada” Cid, 1010), bien para evitar anfibologías ( “ El deseo vence al miedo”, Alemán, Guzmán, I, 183, 2).
 El uso de a ante el objeto directo personal se ha extendido y consolidado con el transcurso del tiempo: el español medieval y clásico lo ofrecían con regularidad mucho menor que el moderno. En el Cantar de Mio Cid alternan “recibe a Minaya” y “reçebidas las dueñas” (1583). En los siglos XVI y XVII es grande el predominio de a, pero todavía es frecuente la omisión: “ La desdichada Tisbe... fue despedazada esperando el su querido Pýramo” (Muñón, Lisandro y Roselia, 182, 15). Desde el siglo XVIII la ausencia de a es rara fuera de la compleja casuística aún hoy vigente. Sin embargo el P. Isala escribe “agua de socorro con que bautizar los párvulos” (Fray Gerundio, 1885, V, 116).
• Diez, Brauns y Hills lo entendieron un procedimiento para impedir confusiones ya que la libertad en el orden de las palabras da lugar a anfibologías si no se distinguen formalmente el sujeto y el objeto personal.
• Meyer-Lübke lo interpretó como una sustitución con ad del dativo de interés latino: el español separa gramaticalmente las categorías de seres animado e inanimados, considerando a los primeros interesados en la acción del verbo y a los segundo sólo alcanzados por ella.
• L. Spitzer entiende que el objeto personal se diferencia del de cosa en poseer una esfera de autonomía, y que el uso de a o de pre ha surgido para indicar la ruptura de esa autonomía por una agresión, pues cree que los ejemplos españoles más antiguos de ad o a son con verbos que expresan acción violenta.
• Harri Meier y Günter Reichenkron sostienen que la construcción sintáctica surgió bajo la acción de otros factores y sólo más tarde adquirió la función de oponer el objeto personal al que no lo es. Pala Meier el punto de partida está en los pronombres átonos de primera y segunda persona, que en casi toda la Romania tienen una sola forma (en esp., me,te) para el dativo y el acusativo; tal indiferenciación pasó a los pronombres tónicos, que habían tomado a < ad como sustitución del dativo latino (a él, a ella, a otro, a alguno) o por contagio (a mí, a ti), y que la llevaron también cuando hacían de objeto directo. Después se propagó la a a los nombres propios y a los apelativos de persona en función de objeto directo. La penetración con los apelativos se hizo por determinadas vías: paralelismo de construcción cuando un pronombre y un apelativo estaban coordinados (“rreçiben a Minaya / e a las dueñas e a la niñas y a las otras conpañas” Cid, 1568-1569); comparaciones en que a puntualiza si el término de comparación ha de entenderse como sujeto o como objeto.
 No puede decirse que hayan recibido aclaración definitiva los caminos por los cuales se propagó el uso de a ante el objeto directo personal en español.
 Tres hechos que parecen indudables:
1º) Entronque principal de esta construcción con la latina de ad + acusativo, competidora y heredera del dativo latino.
2º) Aplicación de un sintagma heredero del dativo al acusativo personal que se sitúa en igual línea que la confusión de dativo y acusativo en los pronombres átonos de tercera persona mediante el leísmo y el laísmo, fenómeno peculiarmente castellano;
3º) La distinción entre persona y cosa responde a una categoría de la “forma interior” del español, asimismo en la existencia de los neutros lo y ello y en diferencias en la colocación respectiva de sujeto y verbo según se trate de acción personal o de acaecimiento.

 Construcciones latinas de doble acusativo
 Mientras verbos latinos como docere, celare, poseere, regían doble acusativo de persona y cosa.
• Los verbos romances llevan objeto directo de cosa e indirecto de persona.
• La transición de una construcción a otra está atestiguada dentro del latín. En los últimos tiempos de la antigüedad y comienzos de la Edad Media el dativo de persona, sustituido en ocasiones por el acusativo con ad: “ipsi interroges: qui est salvator?”, “quod quaeris ad dominum”. El proceso no se había consumado todavía en español del siglo XII, pero estaba ya muy avanzado: en el Cantar de Mio Cid, rogar lleva acusativo pronominal de persona aun habiendo objeto directo de cosa (“rruégalos de coraçón / que prendan de sus averes” 3497); pero cuando los dos complementos son pronombres, el de persona va en dativo (“rogar gelo emos”, 1908); y ante el nombre de persona se encuentra siempre la posición a (“ruego a San Pedro que me ayude” 363).
 Cuando el verbo regía además del objeto directo un predicado la construcción latina era de doble acusativo. En español se encuentra desde muy pronto la preposición a ante el objeto si es un nombre de persona: “ Seth... ouo fillo ad Enós” (Cronicón villarense, 194). Sin embargo, con los verbos decir, llamar el doble régimen directo alterna desde antiguo con la construcción en que el predicado latino pasa a ser objeto directo y el objeto directo latino está representado por un objeto indirecto. En el siglo XVI alternaban las dos construcciones. A principios del XVII Lope de Vega emplea sistemáticamente a ante objetos directos de persona. En la lengua moderna es imprescindible ante nombres de persona y domina ante los de cosa; en los pronombres hay gran vacilación entre dativo y acusativo para el masculino menor para el femenino y neutro, en los cuales prepondera el acusativo: “A las hidalgas / las llaman doñas” (Moratín, El Barón, BAE, II, 386 a).

 El sujeto del infinitivo subordinado
 En latín el sujeto de una oración subordinada de infinitivo iba en dativo o en acusativo conforme el régimen peculiar de cada verbo principal: imperare, permittere, concedere .
 Sujeto inanimado:
• En español si el sujeto del infinitivo subordinado es inanimado, aparece ordinariamente como objeto directo sin preposición o como pronombre átono de acusativo: “Fazen los coraçones de los omines rauiar de duelo” (Prim.Crón. Gen., 41b,36). Se da, no obstante ejemplos de a: “Verán a las estrellas caer de su logar” (Berceo, Signos, 19c).
 Sujeto animado:
• Para el sujeto subordinado personal o animado el uso español antiguo dependía de que el infinitivo tuviese o no objeto directo propio:
 Si el infinitivo no tenía objeto directo el sujeto del infinitivo era objeto directo del verbo principal e iba sin a o, si se trataba de un pronombre átono de tercera persona, en acusativo:
 Si tenía objeto directo el sujeto del infinitivo era el objeto indirecto del verbo principal e iba con a o en dativo.
• La regla , es transgredida frecuentemente en uno y otro sentido; por un parte se ven sujetos sin a con infinitivos que llevan objeto directo: “ Quiere ferlos christianos a christo denegar” (Berceo, San Laur., 29b); de otro lado la preposición a o el pronombre de dativo se encuentran con infinitivos sin objeto directo: “ Vido venir a Diago e a Ferrando”. A veces un sujeto subordinado con a es repetido por un pronombre de acusativo: “ A todos los sos estar los mandó” (Cid, 2017). En el siglo XVI domina ya la preposición ante sujeto subordinado nominal de persona: todavía se dan ejemplos sin a como “no puede ver llorar muchachos” (Guevara, Menosprecio, 43,13), pero lo normal es “en ello he oído hablar a muchos” (Alfonso de Valdés, Lactancio, 83, 17), “ hizo llorar a toda la gente” (Lazarillo, fº 40). Cuando el sujeto del infinitivo era un pronombre de tercera persona contendían las formas de dativo y acusativo.

 El llamado “acusativo griego”
 El acusativo de relación o parte, normal en griego, fue imitado por los poetas latinos desde la época de Augusto y por algunos prosistas a partir de la Edad de Plata (“nuda genu”, Virgilio, Eneida, I, 320. Este giro se considera como un artificio que no tuvo en latín raigambre popular. Igual carácter literario docto ofrecen sus imitaciones de la poesía italiana y española del Renacimiento. Por influjo clásico y petrarquista como complemento sin preposición con Garcilaso (“Sin sentillo muere, / las venas dulcemente desatado”, Elegía, II, 144; “Los alemanes, / el fiero cuello atados”, Canc. V, 19).
• Junto al uso artificial importado del griego parece haber habido en latín una tendencia espontánea a la creación de un acusativo de relación o parte a través de construcciones de doble acusativo como “ut te... Venus eradicet caput”(Paluto, Rudens, 1346). En esa tendencia parecen tener su origen en compuestos románicos cuyo primer elemento es un sustantivo que indica la parte del cuerpo del vestido a que se refiere un participio o adjetivo, como el it. cornomozzok, el fr. ant. poilchenu y los esp. tiest herido, tocanegrada (Berceol, Milag., 101 a, 872 d), color mudado (Tristán, 94, 24), cuelloalbo, barbapuniente, picoabierta, cabeztuerto, testarudo, etc.; el sustantivo inicial tenía en un principio la forma descendiente del acusativo. Aparte de los compuestos, vestigios del acusativo popular de relación o parte quedan en ejemplos medievales de las diversas lenguas romances: “Ome que está en pie uestido, pero descalço las piernas et los pies” (Saber de Astronomía, I, 92).
 El otro llamado “acusativo griego” parece ser autóctono en latín aunque se viera después favorecido por influjo helenizante; es el de cosa vestida. En las traducciones bíblicas y el latín tardío se encuentra además la voz activa con doble acusativo, sintagma cuyos restos aparecen alguna vez en español antiguo: “Vistieron lo muy bien paños de gran valía” (J. Ruiz, 53 a, ms. S; el ms. G usa el dativo, “vestieron le”). El giro con los participios vestido o calzado cundió por latinismo gracias a la iniciativa de Góngora, en cuya poesía abundan los ejemplos: “De un blanco armiño el esplendor vestida”, etc.

 El acusatio interno latino
 La construcción latina de verbos con acusativo de la misma raíz o de significado próximo subsiste en español con sustantivos regidos sin preposicicón. Es frecuente que el sustantivo esté especificado por un adjetivo o equivalente de adjetivo: “las malas burlas que el ciego burlaua de mí. (Lazarillo, fº12).

 Acusativo y ablativo de extensión y cantidad
 En el acusativo interno latino entran también complementos de distancia, medida, peso y precio, dependientes por lo general de verbos y adjetivos a los cuales añaden una precisión cuantitativa: [multum] quattuor pondo et selibran fuisse aiebat” (Séneca).
 Junto al acusativo se usó también el ablativo: es muy frecuente en expresiones comparativas, sobre todo con neutros; en complementos de distancia crece durante la época imperial, aunque ya se daba en la clásica; y en el latín tardío surge alguna vez en complementos de dimensión y precio.
 Como resto de tales acusativos o ablativos hay complementos sin preposición en las diversas lenguas romances; el español de todos los tiempos los ha empleado y emplea: “quanto dexo no lo preçio un figo” (Cid, 77); “Sin osarse apartar dél un dedo” (Cervantes, Quijote, I, 20).
 La lengua medieval y clásica empleaba igual construcción con verbos que hoy requerirían a: “Cerca es de la Cogolla de parte de oriente, / dos leguas sobre Nágera, al pie de Sant Lorent, / el barrio de Berceo” (Berceo, San Mill.,3b); “No estauan los Duques dos dedos de parecer tontos” (Cervantes, Quijote, II, 70). La construcción con adjetivo no parece haber dejado en español más restos que en comparaciones como “una torre diez metros más alta”, “un libro tres duros más caro”.
 El sustantivo cosa se emplea frecuentemente en complementos de cantidad indeterminada cuya función está cercana a la de un pronombre o adverbio indefinido: “ fiera cosa les pesa d’esto que les cuntió” (Cid, 2310). “Holgara cosa estraña de oiros” (Alfonso de Valdés, Lactancio, 223); hoy “ no se ha molestado gran cosa por atendernos”, “eso vale poca cosa”.

 Complementos temporales sin preposición
 El acusativo de duración era otra variedad del acusativo interno y contendió con el ablativo. El ablativo, raro en Cicerón y César, se hace más frecuente en Tito Livio y en la época imperial. Procedentes de acusativo o ablativo abundan en las lenguas romances los complementos sin preposición: “Andidieron todo’l día, que vagar non se dan”; “¡Ya Álvar Fáñez, bivades muchos días”.
 Aunque el latín popular prefería el ablativo con in para indicar cuándo había ocurrido, ocurría o había de ocurrir la acción del verbo, el ablativo sin preposición siguió vigente en expresiones como: illa tempestate, puncto, momento, die, nocte, prima luce, etc.
 Continuación de ellas son muchos complementos románicos sin preposición, en español, aparte de fósiles como los adverbios agora < hāc horā, hogaño < hōc annō y essora ‘entonces’ < ipsā horā. Abundan en todas las épocas: “todos los días a Mio Çid aguardavan” (Cid, 839); “El día que tú naciste / grandes señales había” (ibíd., 78 a); “ayer tarde”, “ayer noche”. El español medieval y clásico usaban esta construcción en numerosas ocasiones donde ahora la preposición domina ya es absolutamente necesaria: “Otro día mañana piensan de cavalgar” (Cid, 413, ‘al día siguiente por la mañana’).

 Restos del ablativo de lugar y causa (sin preposición)
 El ablativo local se limita a dos tipos de estructura muy precisa:
• Sustantivos como exida, camino, ribera, orilla seguidos de una determinación con de (rara vez con a) y generalmente desprovistos de artículo: “Et fuit isto firmado et otorgado de ille imperatore ante comdes it potestades exida del uado de Húmara” (Fuero de Madrid, § 67); “Camino de Navafría / sube alegre la serrana”, “Caminito del alcor / bordea el puro regato” (Enrique de Mesa, Cancionero castellano, 73, 75).
• Sustantivo común o propio seguido de adverbios como arriba, abajo, antiguo ayuso, adelante, afuera, adentro, etc.: “Tornaran a correr el rrío abaxo” (Corbacho, 166); “Subió la loma arriba” Cervantes, Quijote, II, 27).
 De un ablativo de causa desciende la fórmula fe que devedes, muy usada en la Edad Media para encarecer ruegos o mandatos. Algunas veces con la preposición por: “ Varones, seyet firmes, por la fe que deuedes” (Alexandre, P, 717 c); pero lo habitual es que vaya sin preposición ni artículo: “Mas de mi amor pensat, fe que devedes” (Razón de Amor, 141).
• Otro ablativo de causa originario explica la fórmula la lamentación malo nuestro pecado, mal pecado ‘por desgracia’, muy frecuente en la Edad Media: “En todos omnes es asentado / malo nuestro pecado” (J. Ruiz, 1519 a); alguna vez aparece también con por “Iamás por al pecado.

 Restos del ablativo latino de circunstancia concomitante, sin preposición
 Los adverbios modales románico en –mente proceden de ablativos que un principio indicaban el temple, ánimo o propósito con que el sujeto realizaba la acción. La conciencia de su composición, muy viva en todo tiempo, se manifestaba en español antiguo mediante muy repetida separación gráfica del adjetivo y mente, mientre o mient, ment. En el siglo XVI los dos elementos podían estar escindidos por un pausa final de verso, como en el pasaje de Fray Luis de León “Y mientras miserable / mente se están los otros abrasando...”.
• El sentido de duplicidad verbal influye para evitar la reiteración de –mente en las series de adverbios coordinados, donde el uso clásico y moderno la deja sólo con el último adjetivo: “Muy entera y cumplidamente”, “Abundantíssima o infinitamente”, “esterior ni interiormente”, etc. En la Edad Media, en textos aragoneses, no es raro que aparezca mente en el primer término de la serie y se omita en el segundo: “Falsamente et malvada”, “lealmente e complida”.
 La intervención de un agente o circunstancia favorables a la acción del verbo se indica con fórmulas como gracias a (ante grado a), merced a + nombre o pronombre: “grado a Dios, lo nuestro fue adelant” (Cid, 1118); “ Resuscitó Estevan grado a Jesu Cristo” (Berceo, Milag. 264). Es probable que en su origen estas expresiones fuesen exclamaciones de agradecimiento y que sólo después hayan servido para otras funciones. Para indicar que la acción ocurre contra el gusto o la voluntad de alguien se usó mal grado: “Los falssos con enbidia mandaron la matar, / mas mal grado a ellos houo a escapar” (Apolonio, 602). Este mal grado no ha tendido en español tanta fortuna como el francés maugré, malgré, prov. Y cat. mal grat, que han llegado a convertirse en preposiciones o locuciones preposicionales.
 El ablativo latino de circunstancia concomitante y el de cualidad son el probable origen de construcciones románicas en que un sustantivo acompañado por un adjetivo, participio, complemento o adverbio, indica la actitud, ademán, situación, vestido, etc., del sujeto u objeto verbal al efectuarse la acción o disponerse a realizarla. Aunque se empleen con frecuencia las preposiciones con o de (“estar con el agua al cuello”, “ir de punta en blanco”) , es abundantísimo el uso sin ellas, tanto si el verbo es de significación concreta cuanto si expresa ideas generales de estado o movimiento: “Cavalgó Minaya el espada en la mano” (Cid, 756).

 El ablativo absoluto latino
 Las construcciones de ablativo absoluto latino perviven en agrupaciones romances de sustantivo con participio pasivo o adjetivo equivalente, las cuales no expresan circunstancias concomitantes de la acción principal, sino previas a ella.
• Como frases temporales de anterioridad abundan de manera espontánea desde los primeros textos del idioma: “Estas palabras dichas, la tienda es cogida”, “cerca de Tablada, la sierra passada / falléme con Aldara / a la madrugada” (J. Ruiz, 1022 b).
• De la idea de anterioridad se pasa fácilmente a la de condición: “Todos vuestros bienes puestos en un peso, /más pesan los míos maguer son movimientos; hoy, bien mirado ‘si bien se mira’.
 El gusto latinizante del siglo XV muestra predilección por las construcciones absolutas: “Desque sentida la su proporción / de vmana forma non ser discrepante, / el miedo pospuesto, prosigo adelante” (Mena, Laberinto, 22 a-c). La poesía gongorina las prodiga también en su afán de complicar la marcha del período con abundantes incisos: “Vulgo lascivo erraba / - al voto del mancebo / el yugo de ambos sexos sacudido - / al tiempo que – de flores impedido / el que ya serenaba / la región de su frente rayo nuevo - / púrpura terneruela.../ entre albogues se ofrece (Soledad I, 288 – 296).
 Sin preferencia tan marcada, la restante literatura de los siglos de oro, así como la moderna, cuentan estas estructuras entre sus recursos habituales.
 El refranero prueba que tampoco son extrañas a los dichos populares: “Hecha la ley, hecha la trampa”.
• En cuanto al orden respectivo de los dos elementos agrupados, la lengua antigua admitía frecuente anteposición del sustantivo, sólo posible después en poesía y en algunas fórmulas consagradas; la prosa clásica y moderna prefieren colocar en primer lugar el participio o adjetivo: “Limpia, pues, sus armas, hecho del morrión zelada, puesto nombre a su rozín, ... se dio a entender que no le faltaba otra cosa” (Cervantes, Quijote, I, 1).
 La nota de anterioridad encerrada en el participio se refuerza a menudo con adverbios y locuciones temporales como desque, ya, apenas, una vez, después de, etc.: “Después de sentados, Sabino ... començó a dezir assí” (Fray Luis de León, Nombres I, 22, 3). Fósiles de participios o adjetivos en construcción absoluta son los empleos de incluso, excepto, salvo como adverbios o preposiciones; en los siglos XVI y XVII se encuentra concordancias como “salvos estos ynconuinientes, hiçiéralo”.
 La construcción absoluta del participio de presente aparece en textos medievales como frase temporal de coincidencia: “Un sábado esient, domingo amanezient". Los escritores del siglo XV, tan dados al latinismo, la emplean también en indicaciones modales o de circunstancia accesoria: “Fortuna non discrepante a sabia Naturaleza, / tales dos vuestro semblante / fabricaron sin pereça” (Santillana, NBAE, XIX, 557 a).
• Así se introdujeron las frases absolutas con durante, mediante, no obstante, no embargante, que antaño, como auténticos participios, concordaban con los sustantivos (“durantes las guerras”), mediantes los ruegos”, “no obstantes cualesquier leyes”.
• Hoy son invariables en estas estructuras, donde funcionan las más veces como preposiciones o locuciones conexivas, aunque en alguna ocasión (v. Gr.: en “Dios mediante”) conserven todavía su valor originario.

 Preposiciones sustitutas del ablativo latino
 En el latín vulgar o en el tránsito al romance se hizo obligatoria la preposición tanto donde el latín literario vacilaba entre usarla o no, como donde tenía por norma omitirla.
 Así, el ablativo de comparación, que no llevaba preposición en latín, fue sustituido por de + sustantivo o pronombre, construcción de amplio uso en Berceo y mantenida hoy en ciertas condiciones.
 Fueron eliminadas las construcciones “Roma fugere”, “Iove nata”, que en latín competían con ab, de o ex + ablativo.
• Los complementos de procedencia, origen y materia llevan de en español.
• Llevan desde los que indican punto de partida.
• de asumió usos de ab y ex.
• en por confluyeron los de pro y per.
• sin absorbió los de sine y absque.
 La gran renovación que en el paso del latín al romance se operó en el sistema de las preposiciones trajo como consecuencia que muchas veces las usadas, en castellano no desciendan de las que el latín admitía o requería para el empleo correspondiente.

 El agente de la pasiva
 En latín la indicación del sujeto agente se había de ordinario mediante el ablativo solo si era cosa y acompañado de a o ab si era persona. Generalizada la preposición, la habitual sustitución románica de a o ab por de se cumplió también aquí sin más excepciones que las discutidas en el punto de ablativo con a/ab.
 El español medieval ofrece de, que todavía predomina en el siglo XVI y principios del XVII: “ca del rrey só airado”, “de mí seades servida”, “e dexadas seredes de nós” (Cid, 156, 284, 2716).
 La lengua moderna ha ido restringiendo el uso de de a la pasiva de verbos de conocimiento, afecto compañía, estimación y otras acciones generalmente inmateriales (sabido, conocido, ignorado, deseado, acompañado, despreciado, etc.), siempre en alternancia con por, hoy más espontáneo.
 El origen de la construcción con por está en las latinas de per + acusativo que expresaban el agente como instrumento o intermediario. En castellano por se encuentra desde muy antiguo; a veces puede pensarse que designa el agente como instrumento o mediador: “Entiendo e conosco que por ti so guarida” (Berceo, Sto. Dom., 31 a). Aparece en ejemplos de pasiva refleja donde el papel de sujeto no es meramente receptivo, pues supone, cuando menos, permisión o abandono: “El engannado es aquél que se enganna por este sieglo”. Pero también se da donde es inequívoca la pura expresión del agente: “ E que los almoatacenes, que tengan un peso en la plaça, en el mercado, que fue puesto por Juan Martínez e Diego Juan cerca de la tienda de Esteuan Alfanje” (1379, Ordenanzas de Guadalajara, Layna, Hist. Guad. II, 499); “La [lengua]toscana stá ilustrada... por un Bocacio y un Petrarca” (J. de Valdés, Diál. lengua, 8). En el siglo XVI el uso de por era todavía minoritario. Posteriormente se ha impuesto en la pasiva de casi todos los verbos de acción material y muchos de acción inmaterial, y compite ventajosamente con de en la pasiva de los restantes.

Además del trabajo de Lapesa, que es el mejor estudio general del tema, existen otros estudios concretos del propio Lapesa y de otros. La cuestión que tiene más estudios es el hecho muy característico no exclusivo del español, que es la indicación del OD de persona con la preposición a.

 José Antonio García Martín, Objeto directo con a en el castellano del siglo XIII. Tesis dirigida por Lapesa, leída en el año 1989.

 Manuel Ariza. "La preposición a de objeto directo. Teorías y panorama" en Lexis , XIII, 1989, pp. 203-222.

 Carlos Folgar. Diacronía de los objetos directo e indirecto (del latín al castellano medieval). Universidad de Santiago de Compostela, 1993.

 Carmen Pensado . El complemento directo preposicional. Madrid, visor, 1995.

Sobre otros puntos hay muy poca bibliografía.

Evolución en el orden de los elementos oracionales.

 El latín es una lengua caracterizada por una gran libertad en el orden de las palabras.

 Veikko Väänänen, escritor finlandés, autor de un texto muy conocido del latín vulgar, compara la estructura de la oración francesa con la latina:

Pierre appele Paul
Petrus Paulum apellat

Frente al único orden francés en latín existen seis disposiciones distintas: Petrus Paulum apellat;
Paulum Petrus apellat; Apellat Petrus Paulum; Apellat Paulum Petrus; Paulum apellat Petrus; Petrus apellat Paulus.
Este ejemplo lo han copiado mucho otros autores, añadiendo otro elemento. Sujeto + verbo + OD + OI tiene 24 posibilidades de orden en latín.
Esta libertad etá muy relacionada con las diferencias casuales. En francés, perdidas las distinciones casuales encontramos que el orden es un elemento importante.
 El español, sin tener la libertad del latín, sí tiene cierta libertad, mayor flexibilidad que el francés.
 En español no puede confundirse el OD con el sujeto. Existirían las mismas seis posibilidades del latín: Pedro llama a Pablo; A Pablo llama Pedro; Llama Pedro a Pablo; Llama a Pablo Pedro; Pedro a Pablo llama; A Pablo Pedro llama.
 Sin embargo normalmente el orden natural y espontáneo es SVO, aunque haya más posibilidades. Las restantes están sólo justificadas en determinadas circunstancias de carácter estético, etc. La secuencia neutra, no marcada, es la primera.
• Hasta cierto punto esto también pasa en latín. El latín tenía el orden preferente SOV. Un orden distinto es de esperar que tenga matices de carácter estilístico, expresivo, etc. La alteración en latín es menos forzada que en español, pero la alteración del orden no era neutra.
 En latín se producen dos cosas aparentemente contradictorias: hay un orden latino arquetípico de SOV y al tiempo es una lengua de orden libre.
 Dentro de la gran libertad de colocación del orden la secuencia prototípica era SOV. Pero aunque en latín sea así el predominio de SOV no es tan amplio como en los romances lo es el prodominio de SVO. Hay muchas oraciones españolas que no siguen el esquema prototípico SVO, pero hay muchísimas más alteraciones del SOV en el latín.
 En latín el uso SVO debió de ser muy frecuente, aunque no general, en lengua hablada. Se suele exagerar en la lengua escrita el uso de SOV.
 Veikko Väänänen estudia la inscripción de la fíbula de Preneste, que en su momento se creía que era la inscripción latina más antigua y encuentra el orden SVO en el latín más arcaico.
Manios med fhefhaked Numasioi: SVO. Manios me ha hecho para Numasio.
Después se ha descubierto que es un falso del siglo XIX. Sin embargo es una imitación muy buena, porque era posible el orden SVO en latín arcaico, más frecuente en la lengua hablada que en la escrita. Se acrecienta su empleo en el latín tardío. En la Peregrinatio etereae el orden SVO es igual de frecuente que el orden SOV.
 El orden SVO que se generaliza en las lenguas romances lo hace en las oraciones aseverativas, las más prototípicas y frecuentes, no en imperativo ni en interrogativo.
 En las interrogativas el orden SOV no era tan relevante en la sintaxis latina, como señala Vasols?, porque el sujeto puede preceder o seguir al verbo.
 En español se produce una situación semejante en las interrogativas totales. El sujeto puede ir antes o después del verbo. En francés se fija el orden inverso a la aseverativa.
 En español en las interrogativas parciales con partícula interrogativa, pronombre o adverbio, el sujeto se pospone al verbo de manera sistemática excepto cuando el pronombre es el sujeto.
Ej. ¿Cómo lo hizo Juan?; ¿Quién lo hizo?
 Un caso excepcional que estudia Lapesa es el empleo respecto a la posición del español del Caribe.
Ej. español: ¿qué dices tú?; cubano: ¿qué tú dices?

 Lapesa. "La interpolación caribeña del sujeto en las interrogativas..." en Estudios de morfosintaxis histórica del español, Madrid, Gredos.
 Herrero. "La posición del sujeto en las interrogativas directas". Universidad de la Laguna, Revista de Filología, XI, 1992.

 En el español medieval encontramos la anteposición expresiva del sujeto a toda la oración subordinada:
Ej. Verán vuestras fijas... los fijos que oviéremos en qué aurán partición. (Cid). Los fijos que oviéremos es el sujeto de la oración subordinada interrogativa.
El orden normal sería: Verán vuestras fijas en qué aurán partición los fijos que oviéremos.
• En español medieval aparece el primer orden. No es general. El más extendido sería el segundo.
 La anteposición del sujeto también es menos frecuente en el Siglo de Oro. A veces aparece como OD o complemento preposicional regido.
1442. Verán las moradas cómo se fazen.
El orden normal sería: Verán cómo se fazen las moradas.
Presenta aspecto de OD aunque el cómo se fazen es el OD.
Doble OD, el sujeto está antepuesto.
Dezidnos del Çid, de qué será pagado.
OD con de. OD que indica la materia. Del Çid sería CReg; de qué será pagado, OD.

 Orden de palabras:
 En el caso de las oraciones interrogativas se mantiene el orden latino.
 En las parciales cambia. El sujeto se pospone. La posposición del sujeto se relaciona con la tendencia de que el verbo ocupa la segunda posición dentro de la oración española.
• El elemento que ocupa la primera posición, el sujeto, pasa detrás del verbo. La tendencia de que sea el verbo el que ocupe el segundo lugar es frecuente en el español medieval.
• La anteposición de un determinado elemento oracional (adverbio, CC) facilita que el sujeto se posponga.

Desta guisa castigó Julio César a los sos Petreo et Afracio.
I Crónica General.

Desta guisa: elemento modal.
Castigó: verbo. En español medieval tenía los significados de castigas, aconsejas y adoctrinar.
Julio César: sujeto.

Un día fablava el Conde Lucanor con Patronio.
Un día: complemento circunstancial de tiempo en primer lugar
Sujeto pospuesto.

El primer elemento puede ser una oración subordinada o contener una oración subordinada.

Quando fue muerto el rei don Fruella, rregno el rei don Alfonso el Casto
Libro Regum .
Quando fue muerto el rei don Fruella: CCT
Rregno: verbo
El rei don Alfonso el Casto: ujeto.

Sobre la posición del sujeto:
 Javier Elvira. La posición del sujeto en español antiguo. Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Vol. I. Madrid, Arco Libros, 1987, pp. 339-346.

 Pasaba en español medieval y pasa en español moderno que la anteposición del sujeto viene motivada por razones estilísticas, enfáticas, etc.
 Los procesos de topicalizacón y focalización son relevantes para que un elemento aparezca en primera posición.
• TEMATIZACIÓN: Lo más normal es que el sujeto sea el tema, la información vieja que va en primer lugar. Cuando no es así, el sujeto aparece en segundo lugar.
• FOCALIZACIÓN: dar especial relevancia a alguna información, generalmente la información nueva, que se pone en primer lugar.
 Hay una diferencia de comportamiento cuando se antepone porque es el tema o porque es el foco, además de la diferencia entonativa.
 Si anteponemos el OD porque es tema, después lo repetimos. Ej. ¿Quién ha visto a Juan? A Juan lo he visto yo.
 Si lo anteponemos cuando es foco no se repite. Ej. ¿A quién has visto? A Juan he visto.
• En relación con el papel informativo del tema el elemento oracional que presenta con mayor frecuencia ese papel es el sujeto. El tema como elemento conocido suele ir actualizado mediante la anteposición del artículo. El sujeto es el constituyente oracional en el que se produjo y generalizó antes la aparición del artículo. No todos los sujetos están actualizados. Cuando menos actualizado está el sujeto mayor facilidad de que el sujeto aparezca pospuesto.
 Existen algunos verbos, de existencia, aparición, etc., que se construyen con sujeto pospuesto: Ej. Existían dudas.Sucedió un accidente.Llegaron nuevos clientes.
• En estos casos la anteposición sería enfática.El orden normal es éste, y el sujeto no está determinado.
• Cuando el sujeto tiene determinante aparece antepuesto sin ser enfático. Ej. El accidente sucedió en la M-30.
 Verbos de afección.
• El sujeto no es la persona que aparece afectada, que es el OD. Ej. Me duele la cabeza.
• El orden no marcado pospone el sujeto.

 Mª Lluisa Hernanz y José Mª Brucart. La sintaxis. Tomo I. Principios teóricos de la oración simple. Barcelona, Crítica, 1987. Cap. III.
 Manuel Ariza. Construcción al estudio del orden de palabras en español. Anuario de estudios filológicos, vol. I. 1978, pp. 11-42.
 Antonio Garrapiz Encontra. El orden de palabras en la prosa castellana moderna. BRAE nº 75, 1995, pp. 43-143.

 Cuestiones puntuales importantes por los cambios que se han dado:
 Posición del pronombre personal átono:
• El español medieval no aceptaba el pronombre personal átono en comienzo absoluto de discurso, tras pausa, tras e/y ni tras la adversativa mas.
• Cuando encontramos esta situación normalmente el pronombre se pospone el primer elemento que aparece en la oración.
• Hay muy pocas excepciones en el siglo XII y XIII. Alguna más en el XIV y XV, pero son casos raros.
Ej.
Iré, lo aoraré.
Verso 31 del Auto de los Reyes Magos.
Pausa y pronombre detrás. Iré, lo aoraré (adoraré).
Frente a esto:
Ej.
Ala ire o que fure, aora lo e.
Verso 17 del Auto de los Reyes Magos.
Ala se pronunciaba allá. Hay una dificultad para respresentar las palatales en castellano medieval, ya que no existían en latín. También hay dificultad para representar los diptongos: aparece sólo el elemento más cerrado. Se pronunciaba fuere, no fure. Está mal representado.
o < ubi. General en el XII. Dónde.
• Las excepciones son muy poco frecuentes.
 Si el primer elemento es un verbo, el pronombre átono se pospone al verbo: Ej. Respondióle. E tornos para su casa (Cid).
 Si el verbo es un futuro de indicativo o un condicional (infinitivo + verbo auxiliar) el pronombre átono se pospone al infinitivo y queda intercalado: Ej. Conbidar le ien de grado. Doblar vos e la soldada. (Cid).
 Si la oración comienza con un elemento distinto del verbo el pronombre átono ya no se pospone. Ej. Huebos me serié para toda mi compaña (Ya no es ser me íe).
 Con que aparezca la negación o cualquier elemento es suficiente para que aparezca el pronombre átono no pospuesto al verbo. 105. Non lo retardan. 1878 Bien los mandó servir. 2016. Don lo ovo a ojo.
 Si el primer elemento es un sustantivo qe funciona como sujeto o OD también el pronombre átono puede apoyarse en él y aparecer ante el verbo pero en este caso es frecuente que se posponga al verbo. 3593 El rey dioles fieles (Cid) Sin embargo, El rey les dio fieles sería también normal en español medieval. El primero sería el orden predominante en textos de las crónicas de Alfonso X.
• Todo lo anterior tieneun uso dominante también en los siglos de oro. Las excepciones sin embargo irán creciendo. La anteposición más frecuente detrás de pausa breve (la pausa que sigue a inciso, a oración subordinada). Y sin pedirle la carta de la posada le dejó ir. Quijote I, Capítulo III
• Se generaliza la anteposición en el español moderno. En el Siglo de Oro las formas del futuro y condicional cada vez están más soldadas y se admite menos la intercalación del pronombre átono. traer lo ha / lo traerá / traerálo
 La primera va siendo minoritaria frente a la segunda y tercera. La tercera aparece en la posición que favorece la posposición.

 La posición del verbo auxiliar en los tiempos compuestos:
• En latín generalmente se anteponía el participio al verbo auxiliar: amatum habeo.
• Esta situación es bastante frecuente con el auxiliar haber y ser y la pasiva en el romance primitivo: Glosa 94 de San Millán: feito je.
• En español medieval los dos órdenes son posibles. En textos más antiguos hay una preferencia por la anteposición del participio en comienzo de oración (siglo XII, XIII): participio + auxiliar.
• Cuando no ocupa la primera posición la posición preferente es la contraria: auxiliar + participio.
• Es frecuente la intercalación de elementos entre el auxiliar y el participio: ha muchas veces venido.
• Mientras hubo posibilidad de que el auxiliar fuera detrás del participio, en el XII, XIII, si aparece un pronombre clítico se coloca entre el participio y el auxiliar: verso 62 del Cid Vedada la han comprado.
• El auxiliar pospuesto aparece hasta el XVII aunque es raro.

 

 

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